La fe de los demonios

Acabo de terminar la relectura –la primera fue allá en el 2015– de La fe de los demonios de Fabrice Hadjadj: un ensayo que advierte sobre el peligro de practicar una fe demoníaca, muy lejos de la verdadera virtud. A continuación expondré algunas de las citas que me han llamado la atención y la reflexión que –acertada o no–hago sobre ellas.

El humanitarismo, el quietismo y el evangelismo […] pervierten tres aspectos esenciales de la vida cristiana: el amor a los pobres, el abandono a la Providencia y el anuncio de la Buena Noticia. A lo largo de todo el ensayo el autor señala que el mal no es, propiamente, la ausencia del bien, sino la perversión de este o su extrapolación. Más adelante citará a Chesterton cuando dice que “las herejías no son más que las virtudes enloquecidas”. Además, Hadjadj se sirve de la escena de las tentaciones en el desierto para explicar ese desorden: Convertir las piedras en pan (superioridad del alimento material frente al espiritual); no hacer nada para evitar la caída, confiando en que la acción divina evitará el mal (quietismo espiritual , la inacción) y por último, el peligro de una instauración total del Reino de Dios en la Tierra, relegando el encuentro personal con Cristo a un segundo plano, poniendo por delante el marketing de un mundo perfectamente evangelizado.

[…] (al demonio)Y esto es lo que le exaspera: que lo que él programa como una tentación para perder, la providencia lo reprograma como una prueba para santificar. El fondo de esta idea va a articular buena parte del libro: solo mediante el cuerpo y el espíritu nos podemos salvar, pero el demonio es capaz de pervertirnos mediante las dos. El doble juego demoníaco: convertir en materia de perdición aquello que, precisamente nos salva. Sin embargo, apunta el autor que, la frustración del demonio viene precisamente de ahí: El plan divino convierte la tentación en materia de Santidad. La posibilidad del mal hace más valiosa la Redención. Esta idea me recordó al principio de El Silmarillion, cuando la armonía creadora de Ilúvatar se va adaptando a las disonancias de Melkor. Incluso se podría decir que la partitura original contaba con ellas.

El demonio no quiere abandonarse. Prefiere ser un self-made-man. […] “No quiero de esa gracia que reclama como respuesta nuestra Alianza. Quiero ser el único en fabricar mi propia felicidad y animar a los demás a fabricar la suya”. Si el demonio es aquel que no se abandona, nos da una pista a nosotros de “lo que sí deberíamos hacer”: dejarnos hacer por la gracia. Quitar obstáculos al amor gratuito e inmerecido de Dios. Como apunta más tarde el autor: “se trata de dejarse tomar por la gracia”. Es la autosuficiencia demoníaca frente a la fragilidad que pide ayuda del santo.

Cada alma es objeto de un combate invisible entre ángeles y demonios. […] ¿Qué hay en el fulano más insulso? Un Cristo en potencia, una humanidad añadida para el Señor. Una idea que leí recientemente en El peso de la gloria de C.S.Lewis. En el prójimo se esconde un ser capaz de dar gloria a Dios en plenitud. Es una mirada hacia el Otro, que habla, en el fondo, de su vocación. En los demás debemos vislumbrar a un ser creado llamado a dar gloria a Dios.

Comenzar a ser verdaderamente cristiano es reconocer que no se es, no todavía, no del tal forma que se pueda hacer de ello una exhibición. Frente a un posible “cristianismo corporativo”, a una “Fiesta del Orgullo Cristiano”, Hadjadj dice que el verdadero cristiano es el que se sabe incompleto. El “solo sé que no se nada” socrático pero aplicado a la fe. A la relación con Dios. El Amor siempre tiene sed de ser más pleno. Dice más adelante el autor que los grandes totalitarismos y crímenes de la humanidad se han dado cuando “se ha querido ganar la batalla contra el mal de forma definitiva”. Es entonces, cuando se tiene la seguridad de “instaurar el bien” sustituyendo el encuentro por el activismo, cuando el ser humano es capaz de los mayores crímenes.

Evidentemente no son todas las ideas, y probablemente no todas son las esenciales. Sin embargo creo que, de alguna forma, reflejan algunas de ellas. Sobre todo una que, a mi parecer, está muy presente: que el mal no tiene entidad en sí mismo, sino que es el Bien desordenado, o sea, el Bien que abandona la Verdad y, por tanto, deja de ser Bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s