Cartas de Flannery O’Connor

Estoy terminando Lo bueno llega de Nazaret: una recopilación de cartas entre Flannery O’Connor y algunos amigos. Publico a continuación cuatro fragmentos que me han resultado interesantes o graciosos. Quizá en futuras entradas cuelgue alguno más.

Carta a Caroline Gordon (20 de mayo de 1953) | [Fragmento]

[…] Alguien trajo a un hombre, vendedor de libros de textos para Harcourt, Brace [Erik Langkjaer]. Era danés y había estudiado en Fordham con el padre Lynch y le interesaba Dorothy Day. No era católico y decía que lo que no entendía era por qué daba de comer a filas inacabables de mendigos sin fin que volvían arrastrándose al arroyo después de cada plato de sopa. Sin resultados. Sin esperanza. Sin nada, decía. Los pocos escandinavos que he visto me han dado la impresión de ser muy antisépticos en todo. Le dije que eso era Caridad y que no podía hacerse nada al respecto. Parecía fascinado y asqueado al mismo tiempo. Lo que yo no entiendo de ellos es su pacifismo. Si la Caridad tuviera forma de palo me imagino dándole a la gente en la cabeza con él. Rezaré por ti. St. Simons y yo esperamos que esto siga adelante.

Carta a Caroline Gordon (10 de enero de 1954) | [Fragmento]

[…] Temo que mi madre no tiene buena opinión de mi narrativa. Pero sí le gusta el hecho de que escriba y el que sea hija suya hace que suavice el tono. Si fuese hija de otra no me gustaría saber lo que dice. Robie [Macauley] dice que su madre, cuando leyó su libro, dijo: «¿Es gracioso? Dice Chuck que es gracioso». Mi madre cuando leyó el mío se lo estuvo llevando a la cama todas las tardes durante una semana. Se ponía a leer y en unos diez minutos empezaba a roncar. Siempre dice «Muy interesante» cada vez que me devuelve algo.
En dos semanas tengo que dar una charla sobre la novela en la escuela de aquí, 600 niñas que no distinguen una novela de un tiro en la cabeza. Le pregunté a la responsable del departamento de lengua cómo quería que planteara el tema, qué sabían y qué les interesa. Me dice: «No me importa cómo lo plantees. No saben nada y no les interesa más que la personalidad». Les voy a contar que Henry James dijo que la joven del futuro no sabría nada de misterio ni de modales. Luego les
contaré que la novela es una celebración del misterio. Tardaré media hora. Luego me han prometido una coca cola en la cafetería. Reza por todos.

Carta al Padre James H. McCown (9 de mayo de 1956) | [Fragmento]

[…] Sin embargo, después de leer todo lo que pude soportar de Un asunto del corazón [Margaret Long] decidí que, ya que posiblemente tenga la oportunidad de conocerla, sería mejor no haber leído sus libros –porque iba a ser incapaz de decirle que me gustan..
Creo que alguien que no supiera nada de narrativa podría leerlo con disfrute. Es todo diálogo y el diálogo podría haber sido grabado en Macon o Atlanta. Tiene muy buen oído pero carece en absoluto de juicio en su utilización. Un asunto del corazón no es más que propaganda y el hecho de ser propaganda a favor del bando de los ángeles es peor todavía. La novela es una forma artística y si se usa para otra cosa que no sea arte se pervierte. No me lo he inventado. Lo saqué de santo Tomás (pasado por Maritain) que reconoce que el arte sólo sirve para el bien de aquello que se crea; carece de todo fin utilitario. Si se consigue utilizarlo con éxito para fines sociales, religiosos o los que sean, es porque primero es arte. Ella no lo consigue.

Carta a Andrew Lytle (4 de febrero de 1960) | [Fragmento]

[…] He llegado al punto en que cada vez pienso más en presentar el amor y la caridad, o mejor dicho la gracia, pues amor sugiere ternura, mientras que la gracia puede ser violenta o tendría que serlo para competir con la clase de mal que yo sé concretar. Al mismo tiempo, no dejo de ver a Elías en la cueva, esperando escuchar la voz del Señor en el trueno y el relámpago y el viento, y escuchándola por fin en la suave brisa, y me parece que tendré que poder hacer eso antes o después, o al menos seguir intentándolo. En la mayoría de los cuentos hay un momento de gracia, o un momento en que se ofrece y casi siempre se rechaza. Como cuando la abuela reconoce al Inadaptado como uno de sus hijos y alarga la mano para tocarlo. Es el momento de gracia para ella, para una vieja tonta, pero acaba en que él le dispara. Este momento de gracia excita al demonio al frenesi. […]

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